martes, 10 de marzo de 2026

ALBORADA PARA EL DESIERTO

 

Estimados compañeros@ de letras y sentires, necesito compartir con ustedes esta sencilla reflexión, sobre este mundo en guerra; a todos nos afecta de un modo u otro. Las guerras como cáncer, se extienden por el mundo, dejando una estela de hambre, destrucción, muerte y desesperanza. Quiero pensar que, esa barbarie termine pronto, porque el mundo necesita de inmediato una paz duradera; necesita amor, porque sin amor nada soy nada somos. 

En medio del estruendo y del caos, corazones inocentes laten con miedo, con desasosiego, con ansiedad, aún así todavía hay alguien sembrando una flor o compartiendo un trozo de pan. Porque la dignidad humana, es un hilo de seda invisible, que no se rompe con el fuego. Junto al ruido, la luz del amanecer aparece, inocente e ilusionada queriendo acariciar las miradas de la infancia que sufre lo indecible.

Te quedas con la esperanza,
mientras el día amanece,
al sonar el gran estruendo,
esa calma desfallece.


No consigues concentrarte,
nada te resulta ajeno,
llevas dolor en el alma
y clamas con fuerza al cielo.

Y sientes desasosiego,
con inquietud desbordada,
esa flor que se marchita
sin la luz de tu alborada.

Y quieres un mundo nuevo,
lleno de paz y justicia
de bondad, también afecto,
donde nazca una caricia.

La luz en el horizonte,
da respiros a las vidas,
sumidas en la tristeza,  
almas dolientes y vivas.

En la mañana despierta,
la calma refleja ausencia,
esperas que todo pase,
y que nada te sorprenda.
 
Y quieres que el sol asome,
que brille la primavera
y llene los corazones,
de amor, en toda la tierra.

Os dejo mi largo abrazo, colmado de gratitud y cariño para todos@. Sin vuestra huella, esta barca no llega a buen puerto.

Espero todos estéis en plena forma, con salud, amor y armonía.
                           !Es mi deseo de corazón¡ 





2 comentarios:

  1. Terrible que no se consiga acabar con la maldición de las guerras que siempre destrozan a inocentes.
    Un abrazo Marina

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  2. Tu poema es preciosa flor que contrasta con el tremendo estruendo que nos asedia...
    Mis mejores deseos también para ti, Marina, un abrazo

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